Zona Izquierda Junio 2011

 

El retorno de Manuel Zelaya a Honduras puede resumirse como una vuelta de las burguesías cipayas de este país y de toda la región al redil del imperialismo. Derrocado, secuestrado y fletado en pijamas a Costa Rica hace dos años por un sector de la oligarquía y del Ejército, en un golpe de estado sucedido de una violenta represión al pueblo hondureño, Zelaya termina así legitimando servilmente: 1- a un Gobierno espurio – el de Porfirio Lobo, 2- la desaparición y los asesinatos de decenas de activistas, luchadores y periodistas opositores a la dictadura a manos del mismo Ejército y los cuerpos paramilitares, 3- los planes de ajuste, represión y hambre que el régimen dictatorial terminó de imponer aceleradamente a las condiciones de vida y de trabajo del pueblo hondureño, y 4- la depredación y la entrega de las riquezas naturales de Honduras a las grandes transnacionales.

En su momento, el golpe de Estado amenazó con el precario equilibrio de la política regional de reacción democrática impulsada por el imperialismo en los últimos años. Esta consiste en apuntalar gobiernos democrático-burgueses salidos de procesos electorales, como instrumentos coyunturales idóneos para implementar los planes de ajuste y recolonización imperialistas. El “estrés político” provocado por esta situación golpista en Honduras – cuestionada tímidamente en su inicio por las mismas burguesías latinoamericanas – tenía que ser superado por el imperialismo con prontitud en su intento de volver a dar confianza y credibilidad al podrido sistema geopolítico interamericano sometido a sus intereses. El plan de “reconciliación nacional” y la salida negociada entre Zelaya y el régimen espurio de Lobo ha sido entonces la salida a una crisis política foco de inestabilidad para la política del imperialismo en toda la región. Es un hecho que la represión del régimen no ha podido durante estos 2 años desmovilizar a la heroica resistencia de los trabajadores, de las mujeres y del pueblo hondureño contra ese régimen. Eso se estará intentando lograr entonces con este plan imperialista de “reconciliación nacional”.

Lo deplorable aquí es que la gestación, o mejor dicho, el trabajo sucio de este plan imperialista, termina efectuándose con el decisivo concurso de Hugo Cháves quien, junto a Santos de Colombia, media para imponer la capitulación zelayista y con ello, imponer el reconocimiento del Gobierno espurio de Porfirio Lobo.
“Volvió Mel Zelaya a su patria hondureña. Es una gran victoria del pueblo hondureño! Abajo las dictaduras! Viva el poder popular, viva la democracia real!”, escribió Chávez vía Twitter, con un cinismo escandaloso.

Este nuevo acto de traición del chavismo – adalid del nuevo progre-socialismo  latinoamericano del Siglo XXI y que deja en deliberada impunidad los crímenes perpetrados por los golpistas hondureños – se suma a la no menos escandalosa traición al propio pueblo colombiano con la entrega y deportación de luchadores y revolucionarios de las FARC al narco-terrorista régimen de J.M Santos. Pero Cháves no ha estado solo en esta traición. A ella se suma todo el “progresismo” regional de los Ortega en Nicaragua, el Castrismo en Cuba, los Morales en Bolivia, las Dilmas del Brasil, los Mujica de Uruguay y los Correas en Ecuador, todos en abierto apoyo a esta iniciativa chavista y al retorno impunes y sin más del régimen hondureño a la putrefacta OEA. Un trago muy amargo y difícil de explicar para toda la izquierda reformista, bolivariana y progresista de Latinoamérica que sigue aún hoy confiando en el chavismo.

El imperialismo pues, ha logrado meter en su redil la “estresante” situación hondureña. Hugo Cháves ha sido en este caso, su mejor perro ovejero.