Zona Izquierda Julio 2012

El pasado viernes 6 de julio concluyó en Caracas,Venezuela, el XVIII Foro de Sao Pablo (FSP), instancia internacional promovida en sus orígenes por el expresidente brasileño Lula da Silva y que hoy reúne a la más vasta gama de organizaciones sociales y partidos de la izquierda y centro-izquierda “progresista” latinoamericana, algunos de ellos incluso en el gobierno actualmente en varios países de la región. El acto de clausura del FSP estuvo a cargo del mismo Hugo Cháves, Presidente de Venezuela. El FSP ha sido precisamente una de las principales fuentes de promoción del llamado “Socialismo del Siglo XXI” que en las últimas décadas ha nutrido ideológica y programáticamente a las izquierdas reformistas y posmodernistas latinoamericanas. Tres pilares vienen sosteniendo esa teoría: 1- el programa meramente anti-neoliberal, 2- llevar a cabo las transformaciones de un capitalismo salvaje pero eso sí, en los marcos de la institucionalidad “democrática” del mismo capitalismo y 3- el carácter policlasista de estos movimientos “transformadores”.

Es decir, 1- no se trata de un programa anti-capitalista sino tan sólo de un programa contra la actual forma económica neoliberal de la dominación imperialista, que los mismos teóricos del capitalismo han dado en llamar “globalización”. El capitalismo aquí sigue entonces intacto como tal por más “rostro humano” que se le quiera dar. 2- Tampoco se trata de promover las revoluciones socialistas con sus propios métodos de lucha sino de “avanzar hacia el socialismo” desde las instituciones de los mismos Estados capitalistas para lo cual es indispensable acceder a los gobiernos ( ¿toma del Poder? ) por las vías electorales democrático-burguesas. Pero igual, de la misma forma que se accede al Gobierno ( que no al Poder ) igual también se puede salir de él. No olvidemos que el imperialismo y las oligarquías cipayas en América Latina no sólo son expertas en sus charcos electorales sino también expertas en promover los golpes de Estado manu militari o por las mismas vías de su institucionalidad, como recién lo hemos visto en Paraguay. Al fin y al cabo los capitalistas no se sienten “cómodos” con este tipo de gobiernos “de izquierda o progresistas” pese a que estos sigan siendo leales al “juego democrático” y que a la postre más bien sigan siendo garantes de sus intereses capitalistas en la región. Y, 3- Se hipoteca la independencia de clase del movimiento obrero y popular como sujeto histórico de la Revolución y por el contrario, se subordina y se promueven las alianzas de estos movimientos con sectores dizque “progresistas” o “patrióticos” de las burguesías cipayas nacionales, principalmente aquellos sectores en contradicción con los intereses del imperialismo yanky y hoy notoriamente proclives a privilegiar sus negocios y su explotación capitalista con otros sectores imperialistas como el europeo.

Hoy, luego de dos décadas de experiencias bajo este ilusionismo “revolucionario” en toda América Latina, y especialmente de aquellas experiencias donde el progresismo ha estado o está en el gobierno, ocurre que desde este mismo FSP ya empiezan a señalarse las insalvables limitaciones teóricas, programáticas y organizativas del “Socialismo del Siglo XXI”. Desde dentro y fuera del FSP se escuchan voces que retraen el necesario debate entre Reforma o Revolución como lo hace el intelectual progresista Marcelo Colussi cuando dice: “La experiencia ya ha demostrado con innegable contundencia que cambiar el sistema desde dentro es imposible (los casos de Venezuela, Bolivia o Ecuador son una pregunta abierta al respecto: ¿hasta dónde pueden llegar sus transformaciones reales en tanto se mueven en la lógica delas democracias representativas clásicas?) Los movimientos insurgentes que, desmovilizados, pasaron a la arena partidista, no han logrado grandes transformaciones de base en las estructuras de poder contra las que luchaban con las armas en la mano (piénsese en las guerrillas salvadoreñas o guatemaltecas, por ejemplo, o el M-19 en Colombia). Todo lo cual no debe llevar a desechar de una vez el ámbito de la democracia representativa; debe abrir, en todo caso, la pregunta en torno a los caminos efectivos de las izquierdas. Algo así como la pregunta que se hacía Lenin hace más de un siglo en Rusia zarista: ¿qué hacer?… Pensar que las izquierdas están renaciendo con fuerza imparable, además de erróneo, puede ser irresponsable. Si el “progresimo” actual puede llevar a plantear un “capitalismo serio”, eso no es más que un camino muerto, o sumamente peligro incluso para las grandes mayorías populares.”

Por supuesto que en el FSP se omitió hablar de las políticas abiertamente anti-obreras, anti-estudiantiles, pro-capitalistas y entreguistas de la tierra y de las riquezas naturales a los grandes capitales imperialistas de las agro-industrias e industrias hidro-extractivas que, acompañadas de fuertes políticas represivas, impulsan gobiernos progresistas como los de Evo Morales en Bolivia, Ollanta Humala en Perú, Cristina Kischner en Argentina, Lula-Dilma en Brasil o el mismo Lugo en su momento en Paraguay. Y como se dijo, el viernes 6, Hugo Chaves hizo su encendido discurso de cierre del FSP. Sin embargo, eso no evitó que el lunes 9 siguiente el mismo Cháves felicitara Peña Nieto, recién y fraudulentamente electo Presidente de Méjico… ¡ con amigos así…. !