Una coalición sólo tiene sentido si es… socialista y anticapitalista.

 

El Frente Amplio se sigue consolidando en Costa Rica como la expresión más acabada del denominado “comunismo a la tica”. El origen histórico del “comunismo a la tica” hay que buscarlo en aquella degeneración del viejo partido estalinista de Manuel Mora y compañía, cuando este terminó estallando igualmente en el vendaval de la crisis del estalinismo mundial que a la postre, llevó en los pasados años 80-90 a la restauración capitalista en todas las ex repúblicas socialistas de Europa del Este. Las viejas mismas tesis del colaboracionismo de clases y del reformismo etapista que impuso a todos sus acólitos el viejo aparato burocrático del estalinismo mundial, hoy el FA parece estarlas maximizando en versiones postmodernistas y “progresistas” de un talante cada vez más “corrongo” y oportunista. El FA renuncia así a todo programa de toma del Poder por parte de los trabajadores, a toda organización y perspectiva obrera, independiente de la burguesía, revolucionaria y socialista para enfrentar la actual crisis capitalista.

No otra conclusión se podría extraer de la persistente política del FA de concertar una coalición de Gobierno “progresista y anti-neoliberal” esto a propósito del ya muy sonado proyecto de coalición electoral para el 2014, con base en la tramposa Alianza por Costa Rica que se ha impulsado en este último año en la Asamblea Legislativa.

En su momento habíamos dicho en esta misma Columna que dicha Alianza por Costa Rica en el plano legislativo ya significaba incluso una mutación programática del mero anti-neoliberalismo del FA. Para el FA hoy más bien se trata de un anti-liberacionismo puro y simple, es decir, que para el FA bastaría con proclamarse anti-liberacionista para tener cabida en esta o cualquier otra alianza de Gobierno que tenga ese cometido. Con este rasero tan oportunista no hay entonces escrúpulos para aliarse legislativa y electoralmente con cualquier partido burgués tradicional o lumpen-burgués emergente, aún así sea este el más recalcitrante partido neoliberal y pro imperialista como el Movimiento Libertario, o la misma Unidad Socialcristiana corresponsable histórica de la corrupción e implantación de ese mismo neoliberalismo imperialista en Costa Rica, o también con el Partido Acción Ciudadana que se fraguó en Costa Rica como carta de recambio burgués al repodrido bipartidismo del PLN y el PUSC y que hoy mismo, en la plena luna de miel legislativa de la Alianza por Costa Rica, no ha tenido empacho de apuntalar el Plan Fiscal del Gobierno del PLN-Laura Chinchilla. Como se ve, el curso degenerativo de esta corronga moda del “progresismo” sigue sin tocar fondo.

Este señalamiento no tendría sentido si no fuera porque el FA – reconocido heredero y usufructuario del comunismo a la tica – se nos sigue presentando como un partido referente de la izquierda costarricense que, en su eclecticismo programático de movimiento “patriótico”, “progresista”, “ciudadano”, “inclusivo”, etc, no escatima incluso en declararse también “socialista”.

Sin embargo, bajo este nuevo lenguaje “progresista” subyace la misma y vieja vía conciliadora del estalinismo que llevó a las grandes derrotas históricas de la clase obrera mundial, es decir, la vía que llevó a la restauración capitalista allí donde hubo revoluciones socialistas triunfantes ( Europa del Este, Cuba, China ). Y es también – sin sacar lección – la misma política de alianzas con la burguesía a presente y futuro que hoy promueve en toda América Latina esta izquierda neoestalinista al estilo del FA con sus proyectos políticos “progre-socialistas”. Así lo estamos viendo en Honduras donde el Frente Amplio de allá apuesta por el oligarca Ismael Zelaya para hacer gobierno; fue el caso de la “Concertación” en Chile que facilitó la impune “transición democrática” del régimen dictatorial de Pinochet a gobiernos oligárquicos, pro-imperialistas e incluso “socialistas” como el de Bachelet; son los casos de Lula-Dilma en Brasil, del “compañero” Ollanta Humala en Perú, del “hermano” Evo Morales en Bolivia, de Funes en Salvador, Mujica en Uruguay, la Kichtner en Argentina y los mismos Chaves y Correa en Venezuela y Ecuador, todos estos gobiernos de carácter nacionalista-burgués y en algunos casos, descaradamente testaferros de los grandes capitales financieros y de las transnacionales hidro-extractivas y agro-industriales que hoy – aún bajo esos gobiernos “progresistas” – continúan implementando su estrategia recolonizadora a través del endeudamiento, el saqueo, la depredación y la super-explotación de los pueblos y de los recursos naturales y alimentarios latinoamericanos.

Está visto entonces que la agenda y el programa “progresista y anti-neoliberal” del FA no es el programa de los trabajadores ni de los oprimidos bajo el capitalismo. Depositar la confianza e incluso dejar las iniciativas sociales y nacionales emancipadoras en manos de sectores “patrióticos” de las oligarquías cipayas, llevándolas al Gobierno o haciendo Gobierno con ellas tal y como lo propone el FA, no va a conducir a la ruptura de la dependencia del imperialismo, no va a superar la explotación capitalista en todas sus formas incluida por supuesto la forma neoliberal que no es – ni ha sido – la única forma de explotación y sometimiento. Los trabajadores, los campesinos pobres y sin tierra, la juventud estudiantil, los movimientos sociales ambientalistas, de mujeres, de la diversidad, las comunidades en lucha y los pueblos indígenas deben dotarse de un programa y una organización política independiente, anticapitalista, en lucha por el socialismo. Valga decir que una alianza electoral – parafraseando al diputado Villalta del FA – sólo tiene sentido si se construye a partir de todos los sectores oprimidos, por un Gobierno de los Trabajadores sin burgueses ni oligarcas “patrióticos”, es decir, sólo tiene sentido si es anticapitalista y socialista y no meramente antineoliberal o antiliberacionista.