Un balance de las luchas sindicales: victorias tácticas pero no estratégicas

Durante el año 2010 e inicios del 2011 pudimos presenciar cómo distintos sectores de trabajadores estatales y sus sindicatos protagonizaron sendas jornadas de lucha, relacionadas con reivindicaciones de tipo económico; tales movilizaciones estuvieron motivadas por los efectos de la crisis económica que se está dejando sentir en los bolsillos de las y los trabajadores. En un primer momento parecía que se iba a dar lugar al inicio de un ascenso en las luchas y que el pueblo enfrentaría  con mayor fuerza a la continuidad de las políticas neoliberales que está ejecutando el gobierno de Funes y la cúpula del FMLN.  

Un elemento muy importante a analizar y que en ese momento se pasó por alto, es que en esa coyuntura los trabajadores de salud, educación, judiciales y otros no lograron articular los esfuerzos de lucha y sus acciones, cuando las banderas y consignas tenían características comunes, como por ejemplo la exigencia del aumento salarial. Siempre se desarrollaron medidas de presión (como las huelgas, marchas, cierres de calles) unas aisladas de las otras; claramente es más fácil para el gobierno maniatar al movimiento sindical si este se encuentra divido o atomizado. 

Actualmente muchos trabajadores están teniendo duras experiencias de represión y de violación a las libertades sindicales. Prueba de ellas han sido los casos de la persecución y despido de miembros del sindicato de trabajadores de la asamblea legislativa y su secretario general, así como la represión policial y despidos a trabajadores sindicalizados del sector municipal.  

Estas experiencias, que en la mayoría de ocasiones son ordenadas directamente por dirigentes del FMLN, están conduciendo a que las y los trabajadores saquen sus propias conclusiones, llegando a decir que este no es su gobierno, y que la dirección del FMLN se equivoca al tratar con los mismos métodos de la derecha a los sectores sindicales en lucha. Si esta ruptura política se profundiza (hay que decir que aún no es generalizada) puede dar lugar a un proceso de reorganización sindical donde los trabajadores opten por la independencia de clase, es decir, que los sindicatos no estén atados a lineamientos de partidos políticos y respondan a las necesidades de su sector, enfrentando a cualquier gobierno que mantenga una política anti sindical.  

Las limitaciones en el terreno organizativo y de democracia sindical. 

Si, como dijimos, hay sectores a la izquierda del FMLN que luchan en las calles contra las políticas del gobierno, cabe hacerse  la siguiente  pregunta ¿qué impide que los sectores sindicales puedan unificarse en un solo organismo de lucha de la clase trabajadora, con un programa que unifique las exigencias y acciones? Creemos que la respuesta a esta pregunta la podemos encontrar a continuación en los siguientes elementos, los cuales tienen que ver con la situación interna de las organizaciones sindicales, así como con la influencia de este gobierno y principalmente de la cúpula del FMLN sobre algunas de las direcciones de los sindicatos:

a) Ausencia de una sólida tradición de prácticas democráticas de la clase obrera: la pasada guerra civil y la influencia del guerrillerismo en los métodos de toma de decisiones en las organizaciones sindicales y populares afectan hoy en día su funcionamiento democrático. Todavía muchas centrales sindicales  tienen la vieja costumbre de discutir la política del sindicato y tomar decisiones sin la opinión y consulta a sus bases; se cree que el secretario general es el máximo jefe y no hay por qué complicarse la vida llamando a asamblea general, cuando por ejemplo existe la necesidad de decidir un paro o una huelga.  Lastimosamente las directivas solo se limitan a informar o convocar por diferentes medios a sus afiliados, pero estos en ningún momento forman parte de las discusiones ni tienen que ver en la toma de decisiones.

b) El burocratismo y sus privilegios: la falta de democracia en las juntas directivas de los sindicatos más fuertes de nuestro país ha generado todo un fenómeno dentro de estas organizaciones al cual se le denomina burocratismo; es decir, una serie de prácticas y maniobras que hacen que los dirigentes se aprovechen de sus puestos en las juntas directivas para obtener beneficios personales a costa del instrumento o aparato sindical. En su mayoría, estos burócratas hacen mal uso de los fondos, incluso no trabajan y se dan jugosos salarios, viajes al extranjero, etc. Además de que, gracias a su posición y grado de corrupción, logran hacer negociaciones secretas con las patronales; valga decir que muchas de estas negociaciones son contrarias a los intereses de los trabajadores.  

Una nueva dirección para una nueva etapa de la lucha de clases

Las direcciones de las centrales y los sindicatos se resisten a hacer un balance de lo ocurrido en las últimas décadas después de los acuerdos de paz, y por tanto, a sacar las conclusiones del caso, asumir responsabilidades y definir una política clasista para salir de la crisis. Esa actitud irresponsable de los dirigentes ha planteado con urgencia que las organizaciones revolucionarias y los activistas honestos que aún resisten los embates de la patronal y de la propia burocracia sindical, inicien una discusión objetiva y completa que cubra todos los aspectos de la situación; que la explique y que sirva para elaborar una política que discutida ampliamente en las bases de los trabajadores/as, comience el camino de la recuperación.  

Sin un balance claro de lo sucedido no es posible corregir el rumbo. Es la hora de hacerlo en cada uno de los sindicatos que existen en el país. Hay que convocar y preparar asambleas de base para los grupos de trabajadores y activistas que tengan puntos de vista críticos, para que puedan escribirlos y darlos a conocer en sus fábricas y sitios de trabajo; en los periódicos o boletines de los sindicatos deben ser publicadas las opiniones de todos los sectores y agrupamientos sindicales y políticos de los trabajadores que estén por reorganizar a la clase. No se puede seguir escatimando el derecho de los trabajadores a evaluar a sus dirigentes y a cambiarlos si es preciso.  

A las dirigencias de las centrales, federaciones y sindicatos  que se les haya vencido sus períodos, se debe convocar a elecciones inmediatas para renovar los cuerpos directivos. Las direcciones responsables de la crisis no se pueden perpetuar en sus cargos con la simple maniobra de no permitir que se hagan elecciones abiertas y democráticas, en las cuales todos tengan igualdad de condicio

nes y de oportunidades para postularse a los cargos de responsabilidad.  

Hay que dar garantías a todos los trabajadores para que, bajo formas democráticas recuperen sus organizaciones sindicales, secuestradas hasta hoy por una burocracia sindical que no han hecho nada más que maniatar de pies y manos el accionar de los trabajadores frente a una de las peores crisis económicas de nuestra historia, y ante un gobierno que sigue aplicando la misma política que los gobiernos de ARENA.