La trimestralización de Garnier

 El Ministro de Educación ha insistido en su propuesta de reforma al calendario escolar,  planteando uno y otro argumento para defenderla sin que hasta el momento haya quedado claro cuáles serían sus verdaderas intensiones.

 La antesala de la trimestralización: los 200 días de clase.

Hace algunos años se puso en vigencia la propuesta de 200 días efectivos de clases, que traslado el inicio del curso lectivo  a los primeros días de febrero y no en marzo como lo establece actualmente el Código de Educación y la Ley de Carrera Docente. Esta propuesta se tradujo en más días de clase al amparo de las tesis neoliberales del mejoramiento y el rendimiento escolar, que plantean que a mayor tiempo invertido en la educación mejores resultados se obtendrían.

Los 200 días de clase fueron un total fracaso, no hubo mejoras en la calidad educativa como pregonaban, tampoco se mejoró la capacitación y mucho menos se favoreció al estudiante. Lo único que provocó el plan 200 fue un mayor agotamiento para el personal y el estudiantado.

 Algunas objeciones a la trimestralización de Garnier.

La propuesta no resuelve los graves problemas de nuestro sistema educativo público. Tampoco garantiza una reducción del agotamiento del personal y el estudiantado. El cansancio es producto del modelo educativo neoliberal en el que se apoya la trimestralización: intensificación de la jornada escolar (200 días), sobre carga laboral y no reconocimiento de tiempo laboral real (planeamiento, preparación y revisión de exámenes), educación tradicional basada en el aprendizaje por repetición y en una evaluación vertical, estandarizada y memorística, aumento de las problemáticas sociales producto de la imposición de un modelo económico concentrador de la riqueza, deficiente infraestructura educativa, entre otros.

Este reordenamiento del curso lectivo obedece a cambios más estructurales que se vienen dando en los sistemas educativos públicos: reforma curricular, cambio en los modelos de gestión de las instituciones, precarización del empleo y flexibilización laboral, entre otros. Por lo tanto podemos afirmar de forma categórica que no hay nada que celebrar o aplaudir en ella.

 Es necesaria una reforma al calendario escolar, pero no en los términos ni en la forma en que Garnier la plantea.

Una calendarización que favorezca al estudiantado y al profesorado tiene que ser pensada en función de reducir la sobre carga laboral y el estrés que genera el actual sistema de evaluación y las actuales condiciones en las instituciones. En este sentido tendríamos que discutir sobre algunas posibles alternativas como:

 

  • La vuelta al calendario escolar de 175 días como lo establece la ley de carrera docente, revirtiendo la imposición del plan 200 días.
  • La reorganización del calendario escolar en dos semestres con un período de descanso entre el primero y el segundo, y otro período más prologando al finalizar el año.
  • La modificación del sistema de evaluación para reducir la cantidad de pruebas actuales, eliminar la excluyente prueba de bachillerato e incorporar formas de evaluación más ligadas a los intereses y experiencias del estudiantado.
  • El mejoramiento en las condiciones de estudio y trabajo. Mayor inversión educativa pública, pago de lecciones del planeamiento y recuperación, reducción del tamaño de los grupos, entre otras.

 

Es necesaria la movilización de todo el magisterio. El pasado 28 de junio se dio una masiva movilización que tuvo como eje central la oposición a la trimestralización , ubicando a esta propuesta frente a un futuro incierto. La movilización fue un éxito y  hace manifiesta a su vez  la necesidad de trascender el debate sobre la reforma al calendario y avanzar  hacia la lucha por mejores condiciones laborales y pedagógicas que se opongan a la embestida neoliberal en educación. La lucha contra la trimestralización constituye un capítulo de una batalla de largo alcance, en la cual se pone a prueba la capacidad de las organizaciones sindicales para luchar por verdaderas reformas orientadas a fortalecer el sistema educativo público.