La “vía costarricense” del Frente Amplio: una ideología para no enfrentar al capitalismo

“Al comunismo como tal, es decir, a las ideas que ese nombre encarna, en cuanto estén condenadas por la Iglesia, tendré que combatirlas siempre. Con mucha lógica el año pasado, cuando dos de los señores candidatos hicieron declaraciones anticomunistas, los felicité por ello. Estaban dentro de la posición de la Iglesia. ¿Queríamos todos, sinceramente, que desapareciera el comunismo en Costa Rica? Pues ha desaparecido sin luchas ni violencias, en una forma netamente costarricense”.

DECLARACIONES DE MONSEÑOR VICTOR SANABRIA MARTINEZ SOBRE SU

POSICION FRENTE AL PARTIDO VANGUARDIA POPULAR.

20 de junio de 1943

 

En Costa Rica no pegan los extremos.

Las clases dominantes costarricenses han construido en su propio beneficio un grupo de ideas e imágenes que son aceptadas como “reales” y “evidentes” por la mayoría de la población, pero que son difícilmente demostrables cuando se realiza un análisis histórico y social mediamente serio.

El periodista liberal Pio Víquez, decía ya en 1891: “Aquí no puede haber anarquía, ni ha habido anarquía o tendencia a la guerra contra la institución del gobierno”, de allí se paso a un tópico conocido y repetido tanto por la derecha neoliberal del PLN y el Movimiento Libertario, como por Frente Amplio: “en Costa Rica no pegan los extremos”, “a los ticos no les gustan los cambios radicales”, derivado de ese tópico surge otro tópico igualmente estereotipado: “ hay que encontrar una vía costarricense para solucionar esto”.

En los últimos debates José María Villalta, del Frente Amplio, ha mencionado cada vez más este recurso a la “vía costarricense” para señalar que su posible gobierno no será un gobierno extremista y estará abierto al diálogo a todos los sectores obreros y patronos, a la iglesia católica y al movimiento de mujeres, a los terratenientes y a los campesinos sin tierra, etc. etc.

Queremos en este artículo desmentir estos estereotipos y mostrar cómo solo son funcionales a los grupos político-empresariales que han gobernado hasta ahora.

El caudillismo y corrupción.

Uno de los primeras falsedades que se encubre bajo la idea de la “vía costarricense” es una especie de utopía conservadora, que sostiene que lo mejor del país está en el pasado, que aunque hoy el camino se nos presente como cargado de violencia, desigualdad, arbitrariedad, etc. en la historia nacional hay un pasado bueno, hecho por grandes hombres, por patriarcas (Manuel Mora, Calderón Guardia, José Figueres y Monseñor Sanabria) que sabiendo poner sus diferencias al lado nos dejaron un país de paz y unas instituciones buenas, que debemos recuperar.

La exposición de Villalta de esta leyenda blanca costarricense, es más o menos la siguiente: “El Frente Amplio es el único que puede defender las viejas instituciones y recuperar la senda del equilibrio controlado que en su momento realizaron socialdemócratas y socialcristianos y que sus actuales representantes han olvidado”.

Hay pues varias cosas aquí que desentrañar:

En general podemos decir que si sentimos que las actuales instituciones nos han fallado (Asamblea Legislativa, Poder Ejecutivo, etc. ) por ser opacas e interesadas solo por los poderosos ¿De dónde vienen estas instituciones? Pues, de los acuerdos forjados en la vieja Costa Rica de los caudillos, es la única respuesta posible.

Muchos de los males que hoy padecemos son herencias de las instituciones que supuestamente forjaron con “amor” y “concordia” los viejos caudillos. Para decir uno de los problemas: la corrupción política, siempre presente en la vieja y la nueva Costa Rica.

Podemos ver por ejemplo como el Partido Republicano Nacional (el Partido de Calderón Guardia), tuvo en los años cuarentas una política de utilizar la inversión en obras públicas (la inversión en obras públicas supuso un 37, 8% de todo el gasto social entre 1940 y 1947) para consolidar una red clientelar y de funcionarios partidarios-leales al presidente.

Hoy las denuncias por corrupción con Obra Pública no solo son frecuentes, sino que han hecho colapsar todo el sistema de circulación de personas y mercancías. En este punto coinciden la vieja y la nueva Costa Rica. Negocios jugosos que su fundan sobre la lealtad política a los caudillos de turno.

Los sonados casos de protección del gobierno de Figueres Ferrer y Daniel Oduber al estafador internacional Robert Vesco (acusado de defraudar $224 millones en perjuicio de la compañía Investors Overseas Services) y la historia de los “confites” ($60.000 provenientes de un Banco de Bahamas relacionado con Robert Vesco), muestran que la corrupción institucional rodeaba tanto a los socialdemócratas como a los socialcristianos. La protección a hombres ricos de dudosa procedencia y la legitimación de capitales parece ser parte también de la vieja y la nueva Costa Rica.

La cultura de paz entendida como la prohibición de organización sindical y popular.

Hay otro elemento venido de la vieja Costa Rica que también se mantiene en la Costa Rica del neoliberalismo y que le ha sido funcional, que es la cultura antisindical, la mitología del país de paz esconde la sistemática violencia estatal y paraestatal que se ha usado para evitar que los trabajadores tengan sus propias organizaciones sindicales y políticas.

Así desde los años 40`s la estructura del Código de Trabajo, que idearon Monseñor Sanabria y Calderón Guardia generaba grandes impedimentos para que los trabajadores participaran de la vida política. Se introdujeron artículos sumamente reaccionarios que prohíben hasta nuestros días la propaganda político electoral en los centros de trabajo y permiten la disolución de sindicatos que participen de política electoral [ Art. 72 a) y Art. 350 a) ]. Para los sindicatos católicos como la Rerum Novarum había en cambio todas las facilidades. La facilidad con la que los empresarios siembran la confusión y el miedo en las fábricas, tiene su origen en los resultados de la “vieja” Costa Rica.

De parte de la Junta Fundadora de la Segunda República, liderada por Figueres y Marten, su actitud antisindical fue aun más violenta, pues en los primeros seis meses del nuevo poder desaparecieron 163 sindicatos (80% de los existentes). Esta cultura antisindical es vivida hoy como la dictadura en el sector privado, donde es en los hechos imposible construir organizaciones sindicales, mientras el Estado promueve con todas sus energías al movimiento solidarista.

Cambiar algo… para que no cambie nada.

La idealización de las instituciones de la Costa Rica de antaño, es parte de la visión estratégica del Frente Amplio, pero el uso cada vez más recurrente de ella en esta coyuntura electoral, tiene como objetivo tranquilizar a los grandes grupos empresariales y al imperialismo.

La apelación a la vía costarricense de “paz, equilibrio y diálogo” tiene el objetivo de decir en un lenguaje florido y reconocible, que el posible gobierno de FA no realizará cambios radicales que los privilegios de los empresarios de las zonas francas se mantendrán intactos, que no habrá expropiaciones de empresas o latifundios, que el solidarismo seguirá campeando en las fábricas, que el status colonial que implica el TLC seguirá garantizando los negocios imperialistas, que los derechos democráticos de las mujeres seguirán postergados. Este es el verdadero contenido de la apelación bucólica a la “vía costarricense”.