La reacción democrática en Honduras

 

hondurasActualmente presenciamos una nueva etapa política en el país: el gobierno de Porfirio Lobo ha logrado  legitimarse sin dar concesiones ni cambiar su política represiva y demagógica. Contradictoriamente, la estabilidad política del régimen no coincide con las condiciones económicas y sociales del país y del mundo, el gobierno hace malabares para llamar la atención a nivel internacional y hace maniobras monetarias, fiscales, y comerciales, pero nada resulta; lejos de resolver los problemas, el endeudamiento crece, el déficit de la balanza comercial y el desempleo se incrementan, la lucha de los campesinos sigue en pie; la crisis educativa se agudiza, los estudiantes del nivel medio tienen paralizado el sistema, las demandas de los docentes no se resuelven, los institutos de previsión se hunden, de igual forma el seguro social y el sistema de salud de conjunto. A esta situación cabe agregarle un largo etcétera.

 

Ante tal panorama muchos se preguntan qué está pasando con la resistencia, y otros, los más certeros,  se interrogan sobre  la dirigencia del Frente Nacional de Resistencia Popular, ahora que esta su Coordinador General, Manuel Zelaya. La respuesta está en el giro político formalizado en la asamblea del 26 de junio. Con la creación del Frente Amplio, el FNRP ha pasado a ser una figura de nebulosa identificación,- por decir lo menos-, tanto en el plano político, como en el social, sus asambleas departamentales y municipales han venido cambiando su agenda por la discusión de los Estatutos del nuevo partido político, el FARP. Aunque tarde, los hechos han generado algunas reacciones al interno de la dirección, obligando a discutir un “plan de acción”, para lo cual el coordinador general convocó a una asamblea intermedia, a la que no asistió. Lógicamente, dicha reacción no tiene como propósito recuperar el carácter político-social de la resistencia, sino calmar las voces disidentes y continuar el camino trazado con los anticuerpos que lo libren del filo de la crítica.

 

Desde la firma del Acuerdo de Cartagena advertimos que dicho documento representaba una traición al movimiento, la cual tiene dos componentes fundamentales: uno es de método y el otro es político, ya que se hizo a espaldas del pueblo y del resto de la dirigencia, lo cual explica otro problema político de fondo y es la contrarrevolución, bajo la modalidad de reacción democrática, la cual se traduce en política de colaboración de clase. De ahí el discurso de respeto a la constitución, de reconciliación, de venganza en las urnas, de ajusticiar los violadores de derechos humanos con votos, de luchar por el poder político -entendido únicamente como campaña electoral- y de negar el papel de la resistencia como acto político, tanto así, que el propio Manuel Zelaya pretende devaluar la histórica lucha de los pueblos indígenas.

 

Eso es exactamente lo que quiere el imperio norteamericano para ahorrarse una intervención descarada como último recurso. Muchos de los dirigentes populares, dado su nivel de burocratización y descomposición de clase, no quieren verlo o no pueden diferenciarse políticamente, porque  en el fondo tienen los mismos intereses pasando por alto las lecciones y los métodos de lucha de la clase trabajadora, su conflicto con los dirigentes liberales es que ellos si necesitan al Frente Nacional de Resistencia Popular para ocultarse, por eso la disolución de este organismo, como lo hicieron con la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular no es una opción, al menos durante un tiempo.

 

Necesitamos construir espacios de debate ampliamente democráticos, que nos conduzcan a conclusiones políticas coherentes con la situación; por eso desde finales de 2010, un conjunto de organizaciones nos auto-convocamos en el Espacio Refundacional para discutir los signos de estos problemas y desde entonces hemos presentado nuestros planteamientos públicamente y al interno del FNRP, logrando temporalmente postergar la decisión que finalmente se tomó.

 

Dado el planteamiento político de colaboración de clase, desviado totalmente de los principios y objetivos del frente, que encarna el sector dominante de la Resistencia encabezados por los liberales (su método caudillista y la negación de un proyecto estratégico revolucionario), se hace necesaria la creación de una alternativa política y social que, bajo los principios de independencia de clase, democracia interna, autonomía económica y política, unifique a las organizaciones populares y al pueblo en general, mediante un programa que contenga cada una sus las demandas, encarnadas en las organizaciones dispuestas a luchar contra el régimen. Por eso desde el Espacio Refundacional se está preparando al Encuentro de Luchadores y luchadoras, el mismo que se propuso y fue aprobado por la asamblea general del FNRP “Mártires Campesinos del Aguan” el 26 y 27 de febrero, sin que la Conducción del Frente haya movido un dedo para llevarlo a cabo. Mediante un proceso previo de debate y definición de objetivos estratégicos del espacio, se ha decidido realizarlo en la primera semana de noviembre de este año.

 

Este espacio será propicio para integrar los ejes programáticos de lucha para el próximo año, pero también la organización a todos los niveles, que lo impulse y ajuste periódicamente ante los cambios que presente la realidad. En este proceso refundacional, tienen cabida todos y todas los que quieran continuar la lucha revolucionaria; particular mención merece la juventud beligerante que no lleva en sus espaldas derrotas, que se niega a aceptar más de lo mismo.

 

Desde el Partido Socialista de los Trabajadores PST, sección de la Liga Internacional de los Trabajadores Cuarta Internacional LIT-CI en Honduras, estamos convencidos de que la acción conjunta de la clase trabajadora superará  la crisis de dirección revolucionaria que experimentamos; solo la fuerza de la clase obrera y sus sindicatos, la juventud, el campesinado y demás sectores oprimidos podrán revertir mediante la movilización y la lucha el proceso de reacción democrática que vive el país y poner al campo popular a la ofensiva en la consecución de las demandas históricas que la resistencia se planteó antes, durante y después del golpe gorila de Micheletti