12) ¡Asamblea Nacional Constituyente! ¡Que sea el pueblo quien decida en el país!

Las presentes elecciones transcurren en un ambiente que expresa un gran malestar social, propio de un país con gobierno que hoy administra un estado quebrado y que además ha venido sumiendo a su población en los mayores niveles de desigualdad, desempleo y empobrecimiento de su historia.

Este malestar ha tomado diversos rostros, el más importante de todos ha sido el incremento en la movilización popular que ha sido la mayor en 20 años con el gobierno de Chinchilla. En el ultimo ano tuvo su pico más alto con las protestas contra la carretera a San Ramón; sin embargo no fue la única, durante todo el 2013 tuvimos movilizaciones contra aumentos en los pasajes, falta de EBAIS, y más recientemente paros contra la concesión de APM terminals y de los EBAIS del este de San José.

La lucha callejera sin embargo no es la única expresión de este malestar. Mucho más generalizada ha sido la quiebra de la confianza de las grandes mayorías en la democracia y sus componentes: los partidos políticos, las asamblea legislativa y centralmente el poder ejecutivo.

Hoy por hoy las encuestas pintan un cuadro en donde el abstencionismo podría estar a punto de subir su promedio histórico del 30%, donde el porcentaje de votantes podría ser el menor de las últimas dos décadas y donde entre un 50% y un 75% del electorado dice no simpatizar con ningún partido y somos gobernados por una presidenta apoyada apenas por menos de un 20% de los votantes.

Los corruptos, entreguistas y antipopulares proyectos que el actual gobierno ha querido impulsar para enfrentar la crisis económica y fiscal, bajo los slogans de “alcanzar la responsabilidad fiscal” y “generar mayor inversión para crear nuevos empleos” han sido y siguen siendo motivo de enojo con el gobierno y ruptura de la confianza del pueblo trabajador en la democracia.

Hablamos de proyectos como el plan fiscal, la carretera a San Ramón, la Trocha, la refinería China, la concesión a APM y ahora la ampliación de la 32. Por más que han abundado los cuentos, al pueblo no se le ha escapado que dichos proyectos están pensados para sostener las billonarias ganancias de los mismos de siempre, mientras el pueblo trabajador paga los platos rotos.

Como PT creemos que independientemente de quien gane y de la configuración que tenga la asamblea legislativa, el divorcio entre lo que el pueblo necesita para salir de la crisis (obra pública, empleo, aumentos salariales, inversión social) y lo poco que los partidos pueden ofrecer debido a su compromiso con los fundamentos del capitalismo neoliberal que han generado esta crisis (concesiones, recortes en la inversión social, TLCs, política de bajos salarios y tolerancia a los despidos, prohibición de sindicatos, exoneraciones fiscales, etc.) seguirá sumiendo al pueblo en la catástrofe.

Ante ese divorcio, o para decirlo más claramente, ante esa falta de representatividad y de confianza en el sistema democrático por parte del pueblo para la resolución de sus problemas en la crisis, nuestra respuesta como PT es una Asamblea Nacional Constituyente que le garantice al pueblo el protagonismo y el poder para poder cambiar todo aquello hoy parece estar escrito en piedra para la mayoría de candidatos.

En esta Asamblea Constituyente, los elementos que mencionamos anteriormente como causantes de la crisis por la que atraviesa nuestro país serán sometidos al análisis y a la decisión del pueblo trabajador.

Cuestiones como la ruptura con el TLC, el acceso igualitario a medios de comunicación durante las elecciones, el derecho a la libre organización sindical en las empresas, la reforma agraria, la nacionalización sin pago de todo lo concesionado y privatizado, serian solo algunas de las discusiones que podrían darse y que hoy ningún partido se atreve a plantear en su programa.

En esta ANC, el pueblo se representara así mismo pues se le garantizara la libertad de elegir los delegados entre sus compañeros trabajadores, vecinos, estudiantes, pensionados, amas de casa, desempleados; también será libre para decidir cómo resolver la crisis sin tener que seguir esperando un gobierno o parlamento que legisle a su favor.